Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 31 de julio de 2015

La noche en vela.

Ilustración de Guy Billout



Hace rato que me he quitado las gafas, y mucho antes las lentillas de un solo uso. Es la manera que tenemos los cegatos de defendernos: ignorando, aunque sea sólo por un rato, el mundo que quiere entrarnos a trompicones por los ojos. Estoy aquí, parado, contemplando en silencio al silencio. Ver la realidad evaporada por culpa de la miopía, como una pintura de Corot, me hace mucho bien.

He pasado toda la noche en vela. Tenía que hacer varias cosas para hoy viernes. ImprorrogableEra de noche hasta hace sólo un instante, eso ayudaba a distorsionarlo todo. Había dejado la luz del pasillo, desde su cuarto hasta mi despacho, encendida por si alguno de los dos se levantaba, pero no lo han hecho.

Se durmieron como una lámpara de aceite que se va apagando lentamente, sin dejar el humo del último aliento en el ambiente, mientras se consumía la mecha de sus ojos. Les dejé así. No me atreví a respirar...mejor no soplar el aire que les envuelve, me dije. Me limito ahora a espiar su cuarto, como quien mira la aurora desde una ventana con la cortina medio echada, ligado a ella por un hilo, una sed de luces fugitivas, queriendo ser su propietario.

P. crece, se hace grande. No sé, si ahora que le veo dormir todo estirado, estoy observando los últimos coletazos de su niñez auténtica. Ojalá recuerde estos días, dentro de muchos años, como los mejores de su vida. V. me negó el último beso antes de dormirse (no le sobraban, dijo). Sólo los niños, con un egoísmo extremo, pero envidiable, trabajan sin denuedo para procurarse una felicidad sin complejos.  Nosotros, los adultos, tenemos tan pocas oportunidades de serlo (felices), que es una idiotez no hacerlo público, si es que crees haber "medio-alcanzado" ese estado aunque fuera sólo por un instante. Su negativa a dármelo fue tan dulce como el mejor de los abrazos. 

Una luz tibia inundaba su cuarto a esa hora, luna de julio casi rellena, como un fruto maduro de verano, fermentando en un cielo negro, escasamente estrellado. Esta noche ha refrescado. Un vaivén de ramas barloventeando en el jardín llevaba el compás de Autumn in New York, mientras trabajaba y escuchaba a Ella Fitzgerald, que es la única que se queda conmigo hasta estas horas.
Pero ya amanece. Sobre el primer azul, pinceladas moradas y anaranjadas en una mezcla misteriosa, azules más claros abajo, en la línea del horizonte. Alguna estela blanquecina de aviones madrugadores, como cremalleras del manto crepuscular que se desvanece, atraviesan unas nubes algodonosas. Es un conjunto curioso, parecen alfileteros. He disfrutado esta noche trabajando como no lo hacía desde hace mucho. Mientras tengamos una tarea pendiente para el día siguiente, piensa uno,  la muerte nos respetará.

Al final de la tarea obligatoria he preparado los libros que me llevaré mañana cuando me vaya aparte, cuando retirado de la ciudad y el ruido, una luna entera, como un lirio orgulloso,  deje entrar al viento cargado con murmullos de remansos, de esos que dejan las hojas cuando se ponen a discutir sobre si son o no disfraces de árbol para el arroyuelo.

Foto Blogscriptum

Libros para sentir, durante esos días, que el mundo sí está realmente bien hecho. El aroma en el tiempo: un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse de Byung - Chul Han. La música en el castillo del cielo: un retrato de Johann Sebastian Bach de John Eliot Gardiner, que será para leer en páginas sueltas, por días, pues la labor se me antoja complicada. Un librito que no sé porqué misterios apareció en la estantería de mi cuarto, entre libros viejos de medicina, en la casa de mis padres, de Salvador Aguado - Andreut que se llama En torno a un poema de Juan Ramón Jimenez (¿Lo compraría en una librería de viejo y ni me acuerdo?). Y por último Walden de Henry David Thoreau, un ensayo contra la servidumbre y a favor de la felicidad.

Y así cerraré el círculo que se ha iniciado esta noche, en que he sido feliz al saberles dormindos mientras trabajaba y que continuará con lo que me quiera contar Thoreau para conseguirlo de nuevo.

Hasta la vuelta, feliz verano.



martes, 28 de julio de 2015

El olvido que seremos





Me moriré a tiempo
 al final de la vida
 en un momento justo,
 a buena hora,
 cargado de recuerdos
 y recién levantado,
 después de haber dormido
 bien.



Blogscriptum

En el fondo temo pecar de un infantil optimismo cuando pienso que todo finalmente ocupa su lugar. Uno confía en el refranero: el tiempo pone a cada uno en su sitio. En la historia y aún más, en el cosmos, todo tiene su espacio, todo encaja perfectamente. Por mucho que queramos ahondar en el discurso del caos del sistema, no es cierto, al hacerlo sólo hacemos patente nuestra propia inseguridad. Cada cosa guarda su equilibrio, y si alguien se empeña en apartarla, el tiempo: la guía, el orden, la justicia en definitiva, lo devuelve a su sitio.



Fotografía vía https://goo.gl/PVPbEb


Hector Abad Falciolince ha esperado el tiempo suficiente para disponer las cosas en su sitio justo, en restituir el orden, en un relato encadenado de su vida lleno de sentido. Ahora todos los demás sabemos que nada debe salirse ya de ahí. Nunca más. Ha dejado transcurrir el dolor necesario para entender que la muerte no será violenta (independientemente de cómo suceda) si es el resultante final de una buena vida. Vivir la vida hasta el final, durante el justo tiempo de la Vida. No más.


Al cabo del tiempo, en un relato que a uno le gustaría escribir sobre su padre y que quisiera que fuese el recuerdo que pudiera dejar en mis hijos, Abad Falciolince cuenta los acontecimientos de su familia (emocionante la narración de la muerte de su hermana Marta), y en especial de su padre, con la lentitud suficiente para que lo ocurrido pueda convertirse en Historia.


El relato, familiar e íntimo, transmite al lector que cualquier vida con un objetivo trascendente, si se proyecta, adquiere un enorme valor. También la muerte alcanza este sentido. Cualquier práctica social que implique promesa, compromiso o fidelidad aumenta el horizonte presente y engarza con el futuro. Perdura. Tanto como para marcar a la generación que te sigue. Lo suficiente como para permitirle a uno dormir bien. 


Me volvía a dormir, y a veces ya no me despertaba más que por breves instantes, lo suficiente para oír los chasquidos orgánicos de la madera de los muebles, para abrir los ojos y mirar al caleidoscopio de la oscuridad, para saborear, gracias a un momentáneo resplandor de conciencia, el sueño.

M. Proust. En busca del tiempo perdido.


Os dejo un bonito video timelapse. A vueltas con el tiempo en esta entrada.


The music in this film was composed by Kerry Muzzey and is a track called The Secret History from the album The Architect. Please consider purchasing this album over on iTunes: http://bit.ly/PAT_MO 




miércoles, 22 de julio de 2015

Los pescaditos de oro de Julio López Saguar

Todas las imágenes de esta entrada son de Julio López Saguar.
http://www.jlopezsaguar.com

“Con su terrible sentido práctico, ella [Úrsula] no podía entender el negocio del coronel, que cambiaba los pescaditos por monedas de oro, y luego convertía las monedas de oro en pescaditos, y así sucesivamente, de modo que tenía que trabajar cada vez más a medida que más vendía, para satisfacer un círculo vicioso exasperante. En verdad lo que le interesaba a él no era el negocio sino el trabajo.”
Cien Años de Soledad.
Gabriel García Márquez. 



Encerrado en su taller el coronel revolucionario Aureliano Buendía fabrica pescaditos de oro a cambio de monedas de oro que después funde para fabricar nuevos pescaditos de oro. Este círculo vicioso exaspera a Úrsula, la madre. Transcurrido el tiempo el coronel confiesa que, desde aquella tarde en que su padre lo llevara a conocer el hielo, los ratos pasados en el taller fueron sus únicos momentos de felicidad.

Cuando Julio tenía 19 años se encerró en su taller, un pequeño cuarto convertido en improvisado laboratorio y comenzó a fabricar pescaditos de oro, yo intuyo por el simple placer de fabricarlos.  Así, de forma autodidacta empezó a observarlo todo de una manera diferente.

Entonces descubre que la naturaleza y las cosas que hay en ella son pre-textos para la búsqueda de los fundamentos de la belleza y los usa con lucidez, equilibrio y armonía pero sobre todo un enorme sentido estético hasta poder encontrarla.

Este acto creativo de López Saguar se basa en la simplicidad, un valor en la actualidad en vías de extinción. Sin embargo, su trabajo, que nace de lo infinitamente pequeño, construye conversaciones con el espectador infinitamente grandes, infinitamente conscientes.

“Había tenido que promover treinta y dos guerras, y violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad”

Como el coronel, Julio López Saguar nos descubre que en la simplicidad está el secreto de lo bello.












lunes, 20 de julio de 2015

Manual de Instrucciones (365): Capítulo 12


165.La risa y la sonrisa pueden ser absolutamente contradictorias y alejadas ambas de la auténtica alegría, pero CONVOCADLAS a vuestros labios con frecuencia pues así es más probable que esta aparezca en vuestra vida. 

166. Es muy triste ser bueno en algo. Os arriesgáis a volveros simplemente hábiles.

167. No os obsesionéis con la razón ni busquéis la respuesta a todo. No es deseable un mundo sin paradojas, sin contradicciones, sin insatisfacciones, sin ironía, sin el inexplicable misterio de la luz que emiten las luciérnagas o el porqué de la hiriente belleza de las medusas.

168. Por mis antecedentes temo que un día deje de abrumarme el mar: su sonido, su movimiento. TENED en cuenta esto como primer síntoma de que me alejo. No es que lo haya visto lo suficiente, ni que ya no os ame como antes. A los hijos se les quiere con las entrañas, no con la conciencia que a lo mejor me falla. Sencillamente es así.

Campos de Castilla. Foto Blogscriptum


169. HABLAD en alto. No murmuréis. Que vuestra protesta sea diáfana. La murmuración es tan venenosa como la demagogia.

170. TOMAD cuantas veces os apetezca la manzana del árbol. El pecado no es comer la fruta prohibida sino ignorar cuál es, de toda la huerta, aquella que no sacia nunca.

171. En la infelicidad con frecuencia hay cobardía e impaciencia.  A menudo las decisiones que os llevarán a ser más felices os parecerán radicales, arriesgadas e inseguras. Eso sólo son excusas para no alcanzar la paz o cálculos huraños que os mantendrán inmóviles, si es que no estáis dispuestos a pagar el precio que la vida os puede exigir en forma de fracaso. Hay que ser valiente para ser feliz, pero TENED paciencia y trabajad con calma para llegar a serlo.

Úbeda. Foto Blogscriptum


172. No deseo que seáis ricos a toda costa, pero NO SEÁIS INGENUOS: vale la pena perseguir algún bien pues desgraciadamente ayuda a conservar y defender la independencia intelectual sin estar sometidos al chantaje laboral. C'est la vie.

173. Todo fundamentalismo es tóxico, pero de entre todas las toxicidades la de los no creyentes es, con mucho, la peor. Son necesarios los hombres con esperanza  y fe; y...¡por caridad! CREED en algo.

174. Con la luz viene la sombra. La sombra de las cosas no son la propia cosa. La esencia de las cosas no varía con la luz. PERMANECED atentos a esa esencia a cualquier hora del día.

175. No tengo a Colón por un necio y se confundió de plano… pero no de esfera. APRENDED a  caminar sin rumbo fijo pero con ideas bien redondas. NAVEGAD  sin miedo a equivocaros.

176. Seréis necios si os hacéis amigos de necios, pero lo seréis aún más si, conociéndolos y evitándolos, gastáis un minuto de vuestro precioso tiempo en criticarlos.

177. INVERTID pues vuestro tiempo en los afectos. ¡Ah! y no os asuste ser odiados pero PREOCUPAOS  si no sois queridos.

Flor. Foto Blogscriptum


178.  A veces el amor se muere y lo hace con el alma y con todo. Suele hacerlo en noviembre, en guarismo diez, porque así es el abracadabra del tiempo, que nos deja moqueando casi siempre bien entrado el otoño. ESPERAD  a marzo que transforma ramas secas en hojas anchas y verdes.


179. Os aseguro que no os parecéis a nosotros, pero sois iguales que vuestros abuelos que, por cierto, se parecen mucho a nosotros. La pregunta es clara entonces, ¿nos pareceremos nosotros a vuestros hijos?. Quizás debiera ser esta la última instrucción del Manual, pues no tiene este otro sentido que animaros a ser diferentes sin perder la identidad.


jueves, 16 de julio de 2015

Cuaderno de viaje: Lo lento.




Pone uno al principio de escribir un diario de viaje un esmero y un cuidado que el paso de los días va gastando, y no han transcurrido ni seis semanas y lo que se intenta pasar a la pantalla en forma de relato tiene un aspecto triste y de abandono, con una pátina aceitunada, cargada de nostalgia más que de esplendor, que le roba brillo al texto que uno quiere transcribir a partir de los recuerdos.

Releo las notas tomadas dentro del mismo quirófano y me doy cuenta de que las mejores palabras son las elegidas en el primer impulso: son animales salvajes, nerviosas y libres. Parecen estar al acecho y quieren ahora atacarme cuando pretendo domesticarlas.




Las palabras heridas son las más peligrosas. Estas -dice Javier Rodríguez Marcos en Vida Secreta- son capaces de hacer todavía mucho daño. Por eso no voy a tentarlas, no quiero conocer su bravura.  No deseo saber si serán nobles o no en el texto en el que quiera ponerlas y he decidido que para este quinto capítulo del cuaderno de viaje transcribiré exactamente aquello que terminé de escribir mientras tomaba esta fotografía.




Dia viernes. 4ª jornada.

Cena en el Pacífico deja secuelas. Cuerpo de asco, no diarrea pero casi. Salgo a correr, estoy cansado. No llego bien a los 5. Paro a 4 me duelen las piernas. Vamos a operar. El chico de ayer le duele el pecho y el de la dilatación se ha ido a casa.
No me acostumbro al asco. Mato cucaracha pequeña dentro del quirófano. Desorden, desastre. Nuevas fotos a la gente. Vamos a operar. En principio parece para una mucosa bucal de bulbar. El material malo, no hay portas. Me siento en un banco malo. Se clava en la espalda. 8:00 – 13:30. Nervios. Seca boca. Bachata. Sufro. Sólo. Moscas. Ganas de llorar. Torpeza. Tenía que haber pasado sonda antes. ¿Quedará bien?. No fugará. Ya no puedo más. Cuarto de baño de habitación de guardia ASQUEROSO. Cucarachas pequeñas. Huele a meada.
Decido no comer. Me han dado loperamida y omeprazol. Se me pasa el dolor. Hago fotos en el hospital. Paseo por urgencias. Mierda. Suciedad. Buenas fotos.
Fin de cirugías.
Me voy a dormir. La gente sale.



Quieras que no, la contemplación de esta escena ahora y releer lo que escribí al final de aquella jornada me hace mucho bien.  Ahora me parece una escena bella. Parsimoniosa. 

He encontrado este trabajo  The Ballad of Holland Island House, un corto en stop-motion creado por Lynn Tomlinson, utilizando una técnica de animación con plastilina sobre vidrio. Me parece simplemente bello, igualmente parsimonioso y creo que encaja muy bien con esta fotografía que tomé y que me encanta por lo que representa. El final del trabajo, a pesar de las dificultades.