Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 29 de junio de 2015

Días de Salamina.

Foto Blogscriptum.

Cuando el viento se posa sobre la mar turquesa sin
turbarla,
se me altera mi pobre corazón. La tierra firme, entonces, 
no la quiero, porque la mar, vastísima
me reclama con ansia.

Versos de Mosco (Siracusa, floruit 190 a.C.)


«Los versos de todos los poetas de la Grecia Antigua están recorridos de ritmos y rumores marinos, de estertores de olas; de las espumosas crines de los hipocampos, del brillo elástico de los delfines, de los centelleantes senderos líquidos, solares o lunares. La imaginación helénica del mar es copiosa y tonificante. Nos surte de una memoria entrecruzada de barcos, de hombres y de dioses; de delfines miríficos, de golpes de remos, de vientos húmedos, de mástiles que no olvidan su destino amparador de árbol en el mar, de cadáveres semidevorados de marineros, de conchas ofrecidas como exvotos, de redes exhaustas, de olor de algas, de puertos saludados.»
Termino de leer estos días, junto al Mediterráneo, Aquel vivir del mar de Aurora Luque, una antología de las múltiples voces que cantaron al mar, en griego, a lo largo de un periodo de más de mil años. Es una magnífica invitación a disfrutar del agua que baña las costas de las que surgió el principio de nuestra civilización.



De entre las gestas que se narran destaca el poema épico y sensual  de Mosco, el poeta Alejandrino, "Europa" en el que se describe el rapto de la joven princesa fenicia Europa por Zeus, metamorfoseado en un hermoso toro, a la que lleva sobre su lomo en una travesía por el Mediterráneo, hasta arribar a Creta, primera región del continente nuevo, de donde arrancarán los primeros linajes europeos.

Se ha repetido hasta la saciedad que, tanto la Europa cultural, como la histórica, comienza en el mar de los griegos, el mismo que fotografié en el amanecer de la noche de San Juan. Pero existe un episodio que en palabras de Helena Cortés en su prólogo de El Archipiélago de Hölderlin  evoca el primer día de libertad de los griegos: la mañana de la batalla de Salamina.


"No es exagerado afirmar que Salamina hace a Europa, que Occidente nace en Salamina. De no haber sido por ese día, seguramente absorbida por completo dentro del inmenso y poderoso imperio persa, la historia que conocemos habría sido otra [...]. Todo lo que cualquiera recuerda o puede citar sobre la cultura griega tuvo lugar después de Salamina y gracias a ella."


Aquella fue la mañana en que unas decenas de trirremes griegas consiguieron derrotar a los cientos de navíos de la escuadra persa. Entre los despojos de las naves, grecia inventó para Europa el amor a la libertad.

Esquilo lo convierte en relato legendario y le da tono de gesta, de epopeya; una fuerza divina incita a los griegos a enfilar los espolones de sus escasas trirremes contra el poderío de Jerjes. "El mar es aquí un campo de batalla propicio y cómplice para los atenienses. Los soldados persas caerán como los atunes sanguinolentos cercados en las almadrabas. Esquilo relata la batalla naval recién librada bajo una luz épica que la desrealiza y distancia intencionadamente."

La relevancia histórica de aquella mañana es indiscutible: Europa empezó a no ser Oriente, a definir lo que quería ser por la negación de lo que NO deseaba ser. Gracias al ansia de libertad que movió los espolones de los barcos de Temístocles, hoy Europa, es.

Yo no sé nada de economía y se me hace imposible entender quién es el último responsable de lo que está ocurriendo pero creo que Europa vive hoy sus días de Salamina. ¿Tenemos claro nosotros, lo que somos y lo que NO deseamos ser?



jueves, 18 de junio de 2015

El estilete: Tontología política.



La "Tontología" recoge poemas de Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Enrique Diez-Canedo, Ramón Pérez de Ayala, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Manuel Altolaguirre, Dámaso Alonso, Rafael Alberti y Gerardo Diego, quien incluyó su poema "El epitalamio de los faroles".

La librería Rafael Alberti me ha regalado una edición especial en facsímil de esta Tontología de Gerardo Diego, publicada en la revista Lola en 1928. En ella Gerardo Diego desplegó bastante sentido del humor, no sólo por incluir un poema propio, sino por firmar su prólogo a la edición original como "El Tontólogo".

Francisco Javier Díez de Revenga, que firma el prólogo de esta reedición, destaca el buen humor que destilaba el antólogo en las anotaciones que realizaba al pie de los poemas. Sólo se conoce la reacción que produjo la selección en Juan Ramón Jiménez, de entre todos los buenos poetas del 27 escogidos. JRJ acusaba a Diego de haber rebuscado entre sus composiciones de adolescente con mala fe.

Escribir cosas tontas siendo bueno es posible. Estos resbalones son conmovedores. Leer versos malos de poetas malos no tiene, sin embargo, ninguna gracia.

Ahora nos bombardean con los tuits de nuevos y viejos políticos, en un toma y daca de tonterías. NO hemos entendido nada después de tanto aire de renovación electoral. A esta tropa, la nueva y la vieja, NO la hemos elegido nosotros, en absoluto. 

El problema de estos tuits es que reflejan el nivel medio de los asignados a las listas electorales para dirigirnos. Nada tiene que ver con la libertad de expresión, ni con el sentido del humor, negro o blanco. Se trata de que entre los elegidos hay, en los dos bandos, gente torpe, vulgar, absurda y, lo peor, sin gracia alguna. Se trata de que, de una puñetera vez, deberían existir listas abiertas para que pudiésemos elegir al poeta concreto que deseas leer, aunque ocasionalmente cometa deslices. 

Aquí conocíamos a los viejos, esto no nos sorprende, sólo hay que esperar un ratito para maravillarse de los nuevos. Hala, y ahora, a ofenderse todos.


miércoles, 17 de junio de 2015

Manual de Instrucciones (365) Capítulo 11.

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto

151. El mundo es magnífico, sin duda debéis explorarlo, pero es inmenso. VOLVED a casa siempre que queráis, en cualquier momento o situación. En el juego de la vida, la Casa, salva. La familia es vuestra patria.

152. Y en vuestra casa, CONSTRUID una casa menor para poder recogeros allí; un rincón, una cabaña, como cuando os hacías fortines con cojines debajo de la mesa del salón.

153. Es cierto, CULTIVAD un huerto pequeño, íntimo,  y manteneos ocupados en él; que huela a corteza de cedro, a flor de naranjo, cítricos y acídulas de pino. Os alejará de tres calamidades: tedio, vicio y necesidad.

154. Prisa y paciencia. Difícil equilibrio entre saber pararse a ver gotas de lluvia sobre un charco y la acelerada carrera por no llegar tarde a una noticia luminosa. COMPROBAD con asiduidad el fiel de esta balanza.

155. No hay cosa más fastidiosa que un cotilla. RESPETAD la privacidad ajena como un secreto propio.

156. NAVEGAD  costeando los límites de los afectos: VIVID con pasión, REPUDIAD con pasión. En medio sólo hay un océano como una balsa: aburrido y predecible.

157. GANARÉIS  mucho si en lugar de enjuiciar los problemas en los que estéis implicados y sus responsables, los afrontáis con celeridad. Tanta cábala mental os hará perder un tiempo precioso.

158. METEROS  donde no os llaman o donde no cabéis es una inagotable fuente de problemas e incomodidades.

159. Si os surge una idea, por absurda que os parezca, PONEDLA en circulación de forma generosa. Guardarla en el cajón de la originalidad solo hará de ella que se enmohezca. Más vale verla volar sin tu autoría que acudir al velatorio de los no natos.

160. Alguna vez alguien o algo os hará daño. No lloréis entonces ni tampoco os abracéis al veneno de la animadversión, porque entonces transformaréis el dolor en sufrimiento o en odio, y eso es muchísimo peor que el dolor mismo.

161. No he encontrado en español una palabra que pueda definir el sentimiento de alegría por el mal ajeno. NO la inventéis vosotros. Es mezquino. (1)

162. NO os desesperéis, detrás de cada decepción hay siempre una enseñanza.

163. ODIAD  la delación y el anonimato, son igual de cobardes. Si acusáis que sea en plaza pública y todo lo que escribáis, FIRMADLO.

164. ENTENDED el silencio como un estado de la mente. PERMANECED callados; que lo que os rodee calle también para poder escuchar. 




(1) Lo he intentado. No lo he conseguido. Sentir alegría por el bien ajeno es congratularse. Sentir pena por el mal ajeno es compasión. Sentir pena por el bien ajeno es envidia. Pero alegrarse por el mal ajeno es...


domingo, 14 de junio de 2015

Cuaderno de viaje: buscando.

Madre e hija a la puerta del mercado. Chinandega. Nicaragua.

Todo lo que voy viendo me resulta cargado de una enorme bravura, una energía casi salvaje. Me da miedo rozar cualquier persona o cosa, animal ni me atrevo, por si descargase sobre mí un millón de voltios de estatismo. Así que procuro andar despacio, con un pie siempre pegado al suelo, haciendo tierra con la vida. Será porque existe aquí una lucha continua por la supervivencia, violenta y agotadora, que todo parece pasar de una belleza exótica y desbordante a una ancianidad fea y consumida, casi sin solución de continuidad. Como la madre y la hija que se han dejado fotografiar. La segunda, paseando sus brazos como ramas de jacarandas, pese a no querer detenerse al principio, luego se ha comido mi cámara con los ojos.

La naturaleza corre más deprisa aquí que allí de donde vengo. Todo parece corromperse antes por puro desgaste, me imagino. En nuestro primer mundo, en cambio, la ancianidad se ha hecho oficio. Ayer operé a un muchacho de cuarenta y dos años sin un sólo diente. Quizás los perdió de tanto apretarlos por el dolor, sin nada que llevarse al estómago para evitarlo. Los viejos que ahora veo por la calle se me antoja que poseen sólo un puñado más de amaneceres que los más jóvenes.

Viejo a la puerta del mercado. Chinandega. Nicaragua.

Cada escena, aparentemente cotidiana, encierra para uno un complicado enigma, una insondable profundad. Abro los ojos para que el mundo no se me esfume en cualquier parpadeo. Me dijeron que algo así debe hacer el viajero. Empaparse mientras camina de todos los gestos, por insignificantes fotogramas que parezcan, para intentar entender cómo vive la gente, cómo siente la gente, cómo ama y también cómo muere y aunque intento pasar desapercibido, me vigilan todos como gacelas recelosas. 

Levantan la cabeza a cada rato para no perderme de vista y luego, al cabo de un suspiro, vuelven a hundirla en sus cosas, que son un trajín continuo. Cortan enormes tajos de carne, separan la fruta de unos colores vistosísimos, cosen zapatos o simplemente espantan moscas de manera incesante. Dos hombres están recogiendo montañas de basura del suelo a paladas tirándolas a un camión que rebosa por las grietas de una chapa sucia y oxidada, un agua de un olor indescriptible. A muerte, supongo. Un tipo de muerte a la que no estoy acostumbrado por ser la mía aséptica y analgesiada. Presiento en cambio un enorme dolor en lo que huelo.


¿Qué estás buscando?. Mercado de Chinandega. Nicaragua.

Vigilan su territorio mientras me aproximo y advierto que me prefieren moviéndome en la linde de su mundo, pero ni un paso más adentro. ¿Qué es lo que estás buscando? Me dice una mujer mientras trocea vísceras. Y uno siente que la pregunta es una señal inequívoca de alarma para que el resto del grupo esté previsto del viajero que acecha. Advierto que la frase se va repitiendo de unas a otras gargantas, según voy avanzando entre los puestos.  Quizás sí se trata de un mensaje cifrado que van pasando de voz en voz. ¿Qué es lo que estás buscando? me repite la siguiente mujer. 

Presiento que estos paseos tienen la virtud de traerle a uno las cosas importantes de la vida delicadamente, como el limo que va quedando al borde del rio que transcurre despacio, un sedimento que tarda en reposarse pero que terminará por modificar su cauce. Todo parece una realidad evaporada. 

Una realidad evaporada. Mercado de Chinandega. Nicaragua
¿Qué es lo que estás buscando? Y ahora creo que soy yo el que pregunta. Vuelvo al hotel, son las seis y media de la mañana, viendo la actividad del mercado cualquiera diría que se ha hecho tarde para todo, hay que desayunar, hoy tengo una dura jornada.

martes, 9 de junio de 2015

Luz de perfección.

Fotografía de Ana Muller. 9.06.2001

Ahora resulta que todo ha sido diseñado según la matemática y que la belleza cumple una proporción áurea, una especie de espiral luminosa, mediada por una secuencia llena de mágica exactitud.

Y yo no digo que no, porque nada sé de las fórmulas que inspiran las figuras que toman los girasoles, los ojos de la libélula, las caracolas marinas o la distancia que guardan entre sí los planetas que conforman nuestro universo común.

Yo sólo sé que compartes con todas esas cosas una luz de perfección, lo diga Fibonacci o lo diga quien lo diga.


NATURE BY NUMBERS from Cristóbal Vila on Vimeo.

domingo, 7 de junio de 2015

Cuaderno de viaje: el camino.





Han sido ocho mil kilómetros de rodeo para poder encontrarnos. Salimos los dos por nuestro camino al mismo tiempo y vinimos a detenernos en esta encrucijada. La experiencia de caminar, dice Le Breton, descentra el yo y restituye el mundo. Si lo hacemos juntos, si caminamos a la par, reduciremos la inmensidad de este planeta.  

No eres un ideal, ni constituyes el hecho de MI experiencia personal, eres tan real como el pánico que exudas. Ahora  que me fijo, han goteado desde tu brazo a la sábana marchita tres suspiros -yo no diría lamentos- como las hojas caídas de un arce rojo sobre la nieve, inevitables y mudas. Habrá quien quiera ver en ellas tres sencillas gotas de sangre, yo he recordado el invierno en mi casa. 

No cabe ya en tu pecho más aire para otras desdichas o pasiones. Por eso lo echas con fuerza hacia fuera mientras me miras. Habrá quien quiera oír en el sonido que emites una queja, pero a mí me parece una capitulación. Sea, piensas. 

La luz mortecina que me habrá de iluminar, desnudando las sombras que te envuelven, va a empezar a barnizar con un aroma penetrante tu conciencia. Vamos a continuar por esta senda, a la medida de tu cuerpo, los dos juntos durante las próximas tres o cuatro horas. Confía, me encontrarás de pié en esta misma encrucijada cuando despiertes.



martes, 2 de junio de 2015

Cuaderno de viaje: en silencio.


En un cuerpo dormido y quebrado hay algo de derrota. Sin embargo, su pelo caído a un lado de la mesa de quirófano, como si fueran profundas raices, nutre a la escena de una mágica esperanza, pues parece que subiera directa desde el suelo, la savia que conduce la vida hasta su espalda.

Estoy sentado mirando su cuerpo, sin ruido de voces. En la quietud del silencio. Es algo más que la interrupción de los sonidos. El silencio es, en estos momentos, el mejor de mis confidentes, el obligado camino entre mi interior y ella. Una soledad silenciosa que compartimos los dos como una "música callada". 

Recuerdo ahora un mirlo que se posa en mi casa cada mañana a la alborada para cantar desde lo alto del tejado, con el pico orientado a donde viene el aire, solo, sin consentir que ave alguna se pose a su lado, los ojos vueltos hacia la luz, pensando suavemente.

En silencio, respiro y me relajo en los instantes previos, vuelto hacia su cuerpo quebrado, sin consentir que nadie me distraiga, pensando cómo hacer para que la vida no mute el camino que va desde su pelo a la luz de su callado tronco.

El silencio es todo lo que tenemos, dice Emily Dyckinson. La Voz es el rescate, pero el Silencio es Infinito. Carece de rostro. 

No se quién eres, no he visto tu rostro mujer, pero respetaré, en silencio, la vida que me confías.

Comienza mi viaje...