Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 29 de abril de 2014

El neodarwinismo de Mónica de Oriol.




El tiempo pasa
les digo contenta a los que sufren
sobrevivirán
hay un sol
aunque no lo crean

Del libro de poemas de Emily Dickinson (1830 – 1886)


Afortunadamente hijo -le dijo Mónica a Carlos, desayunando juntos la misma mañana en la que ella iba a dar la conferencia- de la lucha entre los individuos saldrán los mejores, los líderes que nos han de guiar, los que nos lleven por la senda correcta en beneficio de todos. Mírame a mi, mírate. No creas lo que te cuenten, si estamos aquí, en la cima, si valemos para algo, es porque nos impusimos entre los débiles, por ser los más fuertes, los mejor adaptados. La especie, de otra forma, no lo permitiría, hijo. 

Ayudar a los perdedores en la lucha por la vida sería oponerse a la acción de la selección natural, ir en definitiva contra natura.  Sería nefasto para la especie que los individuos socialmente fracasados se reprodujeran, ¿entiendes?. Los triunfadores , no lo dudes, lo somos en virtud de nuestra superioridad no solo intelectual o temperamental, sino fundamentalmente  moral.

Somos Carlos, por encima de los salvajes, más justos, más honrados y decentes. No estamos sometidos a las bajas pasiones desordenadas, sin freno moral, de aquellos que pretenden igualitarismos antinaturales. Survival of the fittest.!!!

Intentan ahora otorgar a todos, aquello que por naturaleza nos ha sido concedido desde el pasado, ¡paparruchadas, Carlos, paparruchadas!; que no pretendan cambiar aptitudes por libros. Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même.


Nota Blogscriptum:
Sigmund Freud asestó el tercer golpe definitivo para derribar al hombre del pedestal en el que creía estar.
El primer golpe lo propinó Copérnico cuando afirmó que la Tierra no era el centro del Universo.  El segundo fue el descubrimiento por Darwin de que descendemos del mono, y el tercero, fue el golpe que habría asestado el propio Freud, al hacer bajar a los sótanos de la conciencia a nuestro yo, para descubrir que allá abajo, en el subconsciente, es donde se cuecen (sin que lo sepamos) nuestros deseos más inconfesables, los que de verdad nos impulsan en la vida.


Nota de actualidad



Mónica de Oriol, que es presidenta del Círculo de Empresarios, propuso este jueves pagar sueldos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para los trabajadores menos cualificados y reducir la brecha del coste del despido entre los trabajos temporales y los indefinidos. Se queja de que la ley obligue a pagar un salario mínimo a trabajadores no cualificados, "aunque no valgan para nada".


Nota de Svijest:
Aunque la teoría de la evolución de Charles Darwin descansaba sobre los fundamentos de la biología moderna, no revelaba todos los datos. Darwin y sus sucesores han mostrado de modo muy convincente como opera la selección natural sobre la variabilidad de las especies, pero sin responder a la cuestión de cómo los diferentes organismos acaban por ocupar un lugar mas o menos priveligiado.

En Planeta simbiótico,  libro que recomiendo, la científica Lynn Margulis muestra que la simbiosis es crucial para los orígenes de las novedades evolutivas.

Podéis encontrar más información sobre el neodarwinismo y en general sobre el proceso evoluctivo, de una forma muy amena y sencilla, en el libro Amaliur de Ignacio Martínez y Jose Luis Arsuaga.




miércoles, 23 de abril de 2014

Con qué sueñan los niños.



Ahora que os veo, renuncio al espectáculo del mundo, la mutación de las cosas, el flujo, el reflujo, la pompa y la marcha acelerada de las costumbres y le digo a mi mente: ¡aplázalo todo!.

Por encima de vuestras cabezas vuela el éxtasis malva del final del día. El poniente que va creciendo en vuestros ojos, con la velocidad de un delta, deja escurrir secretos, verdades, venturas y locuras.

La sombra a vuestro alrededor, íntima de todo, es la que nace del borde de luz que brota del libro, y vuestra boca, al cerrarse, es la lenta gota trémula alumbrada -ya desde lejos -por la primera estrella.

No sé con qué soñáis los niños, pero sé que justo antes de que esto ocurra crecen los espacios entre las cosas,  fluye el silencio y cualquier sonido es entonces una voz suave.

En estos pensamientos míos derramados en cascada, en este sueño al contemplaros,  se detiene por fin la monótona sucesión de minutos y estoy seguro que a esto me sabe el alma.

Me sosiego, por fin, en los pequeños gestos como este. Así es, me sosiego.


martes, 22 de abril de 2014

Ni una palabra más.


Gabriel García Márquez estuvo a punto de ser atropellado por una bicicleta si no llega a ser salvado por un cura, al grito de:  «¡Cuidado!».

Nos cuenta García Márquez en el libro Yo no vengo a decir un discurso (textos escritos por el nobel con la intención de ser leídos por él mismo en público, ante una audiencia, y que recorren prácticamente toda su vida), que el ciclista cayó a tierra, y que el  señor cura, sin detenerse, le dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?»

Advirtió Don Gabriel en su discurso Botella al mar para el dios de las palabras, del enorme poder de estas. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras, dijo. No es cierto, añadió, que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. 

Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.


Pero no sé si Don Gabriel llegó a conocer a Lucas Nieto. Yo sí le conocí en la primavera de 1986. Era un vehemente orador con un discurso sincero. Al cabo de seis meses de aquel primer encuentro nuestro, de forma inopinada,  decidió voluntariamente  permanecer en silencio y desde entonces no ha pronunciado palabra.

Las palabras inundan el aire, fue su última frase.  Antes, subido a una enorme roca, jadeando, y tras advertir que apenas era posible respirar por su densidad,  abrumado por escuchar el ruido que producían todas juntas chocándose, argumentó:

¿No ves que sólo intento salir a flote?. Sacar la voz por encima de la palabra, hacerme oír en este caos. ¿Para qué una palabra de más?. Resultaría innecesaria como todas. Otra más. Eso solo aumentaría el ruido. Todas trabajando al unísono para ahogar las voces. Palabras rebosantes. Voces calladas. A estas alturas, quizás, el silencio sea la única postura inteligente. Digo muchas más cosas callando. 

Y bajándose de la roca, calló para siempre.

Ahora me gusta visitarle de vez en cuando. No posee una expresión especialmente dramática; un rostro angulado, eso sí, delgado, de grandes ojos de los que surge una inmensa mirada. Ojos de bondad en los que se reconoce un olor doméstico. Tiene la cara surcada como por un arado. Entre unos y otros, puntos y rayas, se puede leer un código morse construido durante décadas. Nos sentamos en frente el uno del otro y, simplemente, nos miramos. Con eso queda dicho todo.

Y no sé Don Gabriel si el gran derrotado es el silencio, pero firmaría de buena gana con Lucas Nieto el armisticio que enfrenta a la palabra frente al silencio del lado de los capitulados.





Nota Blogscriptum: 
Os dejo el famoso canon a cuatro voces, Mir ist so wunderbar, del primer acto de la ópera Fidelio de Beethoven, que dirigió Nikolaus Harnoncourt en Zürich en 2004. Un ejemplo, bien opuesto al texto que arriba se defiende por este pobre pendejo que firma. 

Cuatro voces, con palabras bien distintas son capaces de sonar mágicamente acordes  Pero eso lo consigue Beethoven, como también lo hacía García Márquez en su defensa de la palabra.

domingo, 20 de abril de 2014

Cosas bellas: Raquel López-Chicheri.


Todo lo que está despojado de dorados, brocados y adornos; lo que huye de lo solemne, lo suave, lo lento y lo que nos lleva a la boca una especie de sonrisa ingrávida. Lo generoso, lo asequible, lo que deja traslucir el fondo de las cosas. Lo dócil, lo que está hilvanado por anhelos, los trueques de miradas, los ojos que tienden puentes levadizos, las sonrisas que ciñen corazones, las alas del aire, el rumor de una estela…eso que no reverbera. En definitiva, lo bello.



Deseo compartir el trabajo de Raquel López-Chicheri.




miércoles, 16 de abril de 2014

A solas y en silencio.

Fotos Blogscriptum en el Fotografiska, Estocolmo, abril 2014.

A fuerza de ver las fotografías fácilmente en las pantallas de nuestros ordenadores hemos olvidado el soplo leve que sobre la vista ofrece una sala de exposiciones en toda su negrura, sin velos catódicos, ofreciéndose abierta a los ojos que parecen ser ungidos por la luz que emana de las propias imágenes.

Es imposible no abandonarse a ciegas en la dicha de esa oscuridad, enamorarse hasta los tuétanos de un simple deambular arrebatado, deseando yacer en un pasillo a la vez tranquilo y exaltado. Hace cuarenta y ocho horas lo advertí en el  Fotografinska de Estocolmo.



¡Qué enorme placer sentirse vigil en medio del sueño, abandonarse a las evocaciones de cada imagen!; ¡Que calma al recibir el aliento del fotógrafo como un soplo y su obra como un horizonte de una paz limpia!. En ese momento, conviene estar callado y al acecho y asentir ante la belleza sin desdeñar nada de lo que se nos ofrece.


Solo pido que nunca llegue el día que no podamos estar a solas y en calma,  en un silencio compasivo, lejos de lo feo, de lo que ensordece, bogando por un tiempo apacible, respirando un aire limpio frente a la incontinente belleza del detalle y el aura de cualquier evocación.




Te propongo ahora un juego participativo, como otras veces, en Blogscriptum. Dime tu sitio, tu circunstancia, tu momento, en el que te sucede algo similar a la lo que te he descrito. Construyamos entre varios un mapamundi del buen gusto. Ofrecedme vuestra patria, a la que me exiliaré si vosotros me lo recomendáis. Sólo y en silencio.