Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 31 de marzo de 2014

Solución al concurso: adivina, adivinanza.






Supongo que habrá pasado por vuestras manos, o al menos conoceréis, un gran libro escrito por Bill Bryson hace casi 11 años ya, “Breve historia de casi todo”, sumamente ameno. Se trata de un recorrido por la ciencia –como lo calificó The Times- ingenioso, simpático y bien documentado. 


En él, Bryson nos recuerda lo curioso de nuestra existencia al proceder de un planeta al que se le da muy bien fomentar la vida, pero al que se le da aún mejor extinguirla. De hecho, una especie media sólo dura unos cuatro millones de años, a no ser que, como la nuestra, se empeñe en reducir considerablemente este tiempo.   

Perdidos en el cosmos,  en un vacio tan solitario como el universo entero, no puede expresarse con palabras lo ridículamente pequeños que somos. En unas dimensiones celestiales de espacios inconcebibles, solo somos capaces de permanecer  con vida en apenas el 0,5% del volumen total de la tierra, allí donde la presión atmosférica y la concentración de oxígeno facilitan nuestro metabolismo.


En agosto de 1977 los ingenieros de la NASA lanzaban al espacio la Voyayer I en el momento en el que coincidían las órbitas de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, aprovechando la fuerza gravitacional de esta conjunción planetaria. Así la sonda espacial se aleja desde entonces de la Tierra a razón de 1,4 millones de kilómetros por año. De hecho, en agosto de 2012 la sonda aparentemente abandonaba el sistema solar, aquello que consideramos “próximo”, para proseguir su viaje intergaláctico.


En su interior, un disco dorado, guarda imágenes, sonidos, diseños, saludos en decenas de idiomas, música, esquemas de cómo somos y cómo es nuestro mundo. Las palabras que se recogen del entonces presidente Norteamericano Jimmy Carter son:
Esto es un regalo de un mundo distante pequeño, una muestra de nuestros sonidos, nuestra ciencia, nuestras  imágenes, nuestra música, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Estamos tratando de sobrevivir a nuestro tiempo para que podamos vivir en el suyo.


He hecho revisión de todos y cada uno de los archivos que la NASA cede para su visualización. Ni una sola referencia al dolor, el sufrimiento, las guerras, o nuestra historia de luchas inter-nos, desde lo conocido en las cuevas de Altamira hasta el despegue desde Cabo Cañaveral de la referida sonda. Ningún sonido de un disparo, ni una imagen de una lágrima, salvo el indolente llanto de un niño que es tranquilizado por su madre. Y, por supuesto, aunque se explica cómo se llega a la concepción y se muestra el aparato genital (un esquema), nada de cuerpos desnudos en posiciones deshonestas, el marciano debe suponérselo.


Esto me hizo nuevamente pensar… y recuperé un texto que publiqué en su día de Jordi Sevilla:


La sociedad democrática, regida por los principios de la acción comunicativa, ha sustituido a las grandes narraciones de la historia en forma de ideologías totalizantes por una multitud de relatos en los que, a menudo, todo parece depender en exceso del punto de vista. La sociedad, así,  está presidida por dos principios:



Lo único que importa de las cosas, incluyendo los fenómenos sociales y políticos, son su apariencia, su imagen, como aparezca en televisión, que se ha convertido en el gran agente de la nueva fenomenología moderna. No es tanto lo que pasa, sino como se cuenta. No es lo que ocurre, sino la opinión sobre lo que ocurre. No es lo que dicen, sino lo que se dice que dicen. Las cosas no se hacen tanto por hacerlas, sino por decir que se han hecho, que es lo relevante.


De aquí se deriva el segundo principio: la realidad es aquello que construimos mediante el discurso mediático.


Es decir, y esto lo digo yo: si eres capaz de conocer, manejar y bien-usar el maquillaje personal, para que de ti vean otras cosas distintas de lo que en realidad eres;  y si las vendes, y te las compran; si eres capaz de vender sueños, para que los demás confíen en ti, pero eres lo suficientemente habilidoso para no creértelos, para no frustrarte, entonces es posible que no tengas ni puta idea de quien coño eres, y qué pelotas te está pasando, pero vivirás muy tranquilo. A esta forma de ser, unos lo llaman optimismo antropológicoy otros, optimismo realista...que en el fondo viene a ser lo mismo.


Y ese fue el arranque de un texto que suscitó un juego de adivinanzas. La sonda espacial, (perdida toda opción ya de recuperarla) viaja por el universo transportando una gran mentira en su interior, a la espera de que alguien la recoja y…se lo crea. Y ella, la sonda Voyager 1, conoce el engaño y, nostálgica, manda su última misiva. 


viernes, 28 de marzo de 2014

Nuevo Concurso Blogscriptum: Adivina, adivinanza.



Nuevo concurso. Adivina, adivinanza.

Blogscriptum ha realizado un retrato de una situación, personaje o cosa. Tu, lector, seguro que eres capaz de  adivinar qué es lo que está detrás del texto. En este caso no lo dejo a tu interpretación, sino que me gustaría que adivinases lo que yo he pretendido relatar, de forma más o menos acertada.

Lee despacio y piensa.



TEXTO


Sé que hubo una voz, una mujer más bien dulce, pausada y escueta, que hablaba, y de la que llegué a enamorarme. Quise ver en sus interrupciones, en sus llamadas de voz entrecortadas, en sus órdenes verbales tartamudeadas y violadas por la distancia, algo así como petites mortes. Claro que eso es lo que yo quise imaginarme. 


Hubo también, por aquella época, quizás un poco antes, un hombre seco, amanerado, de atildada voz y manos muy pulcras, un artista del teclado, sí, del que apenas me acuerdo –hace mucho tiempo que no sé nada de él- y al que no acabé de apreciar,  no porque llegará a conocerlo bien, sino porque puede que aquellos bailes de datos que tecleaban sus dedos, y que eran mi única referencia con ellos, resultaran excesivamente fríos.


Intenté comparar y cotejé aquellos sonidos en forma de baile (cualquier claqué habilidoso o un zapateado furioso) con otra referencia que tuviese en mi memoria; lo mismo que bailaban ellos –pensé- en los cabarets de Chicago o en las noches animadas de la Barcelona modernista, o en los suburbios bonaerenses, con tangos muy, muy ceñidos. Pero no pude. Ninguna de esas músicas era comparable a los sonidos que en forma de datos me llegaban, como única referencia a mi pasado.


Ahora que puedo, que la distancia me permite tomarme estas licencias, me veo escribiendo estas pocas páginas furtivas, viajero solitario, fugitivo perpetuo y extraño, Ulises sin patria. Conozco con precisión mi situación y referencias y, sin embargo, viajo emigrante a ninguna parte, sin un claro objetivo distinto al infinito, con la única esperanza de ser amablemente recogido.



Bases del concurso

Si crees saber qué situación y qué personaje o cosa está escondido detrás del texto, mándame tu respuesta a Blogscriptumexpress@gmail.com o bien mánadame un mensaje a mi perfil de facebook: blogscriptum express. Tienes una semana para decidirlo. Yo me pondré en contacto contigo.

Iré dando pistas en la entrada a lo largo de la semana

En caso de empate ganará el primero que lo adivine.

Las respuestas las colgaré junto con el texto.
La solución la daré el próximo  jueves 3 de abril, a las 12 de la noche.

El ganador recibirá como premio el libro de fotografías interesantísimo de William Claxton sobre Steve Mcqueen; así como una copia del libro de Blogscriptum: Lo que queda del día.



Anímate y participa, suerte.

La pista de hoy es….





2º día de concurso: 29.03.2014 , la pista de hoy es….



3ª  día de concurso: Además de empezar por V su nombre, El 8 de Noviembre del año de su nacimiento, Manolis Andrónicos descubre la tumba de Filipo II de Macedonia.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Elmer y el castillo de colores.


Elmer vive en un castillo de colores al otro lado de las nubes, con un campo de hierba alta alrededor que le gusta atravesar después de los días de lluvia. Cuando para de llover, nada más bajar al prado, se descalza y camina despacito, con una enorme sonrisa puesta  -como si fuera un pasaporte de dientes blancos en la cara- oliendo un poco a loco. Le encantan las cosquillas que le hacen en los dedos las flores recién mojadas, las mismas, de mil colores, que utiliza para hacer la pintura con la que decora las paredes y las almenas de su castillo. Como la pintura es de flores, cada vez que llueve desaparece de los muros, disuelta con el agua que cae desde las nubes. Después, la mezcla baja cielo abajo hasta la tierra formando un regato multicolor.

Rara vez, por no decir nunca, encuentra Elmer algo poético en el óxido. No tengo nada en contra de la forma que tiene el tiempo de ensuciar las cosas, suele decir, pero yo prefiero los colores que me recuerdan a la cara de los niños. Ellos nunca están gastados, como las caras de los mayores.  Elmer se pasa el día entero (del tiempo entre lluvias) observando desde la almena más alta, de la parte más alta del castillo, las caras de los niños en busca de colores que le inspiren. Y luego... ¡vuelta a empezar!. Nadie ha visto nunca bostezar a Elmer, a pesar de que se pasa día y noche trabajando.

Últimamente anda concentrado en imitar el rojo intenso de los labios de las niñas en verano, porque dice que le recuerda a las pavesas que usa para asar castañas, su comida favorita. Y también trabaja diseñando el color azul del vaho que asciende desde la boca de los niños, mientras esperan a la ruta por la mañana,  al final del otoño, cuando el invierno comienza a injertarse en las últimas hojas que cuelgan de los árboles.

A Elmer no le gustan los candados, los odia, porque dice que le ahoga el peso de las llaves colgadas de su cuello. Por eso siempre deja abierta la exclusa  del regato que nace en su jardín para dar paso al agua  y que todo el mundo pueda admirar su última creación de colores. Y es que la vida, a Elmer, le gusta enormemente.  Solo a veces se queda quieto, como queriendo llorar, cuando vuelve a ver blanco su castillo después de un día de lluvia; pero Elmer jamás dice: jamás, jamás, jamás. Entonces respira hondo, se abotona su baby de trabajo, almuerza castañas, inclina la cabeza como queriendo borrar la desesperación  (o buscando, creo yo, el muro donde empezar a dar brochazos) y canturreando comienza a repintar su enorme castillo.





Nota Blogscriptum:
En el mismo día, hace pocos días, se produjeron tres hechos consecutivos.
1.-  Una queridísima bloguera me regalaba la foto  de un hombre al que decidí, en ese mismo instante, llamar Elmer. Además, me dio el siguiente encargo:  aprovéchala y cambia el aire a las fotos que últimamente utilizas.
2.- Mi hija de tres años, inmediatamente después de la entrega de la foto,  me preguntaba cómo se forma el arcoiris.
3.- Mi hijo de ocho años, en ese mismo momento, orgullosísimo, me enseñaba su más reciente creación: su castillo de colores.

Lo demás sucedió a lo largo de los siguientes días, hasta hoy, en mi cabeza.


lunes, 24 de marzo de 2014

Lo que dejamos.



España le tiene tanto miedo a su pasado que acostumbra a utilizar el tiempo pretérito en forma imperfecta (Había una vez) y este tiempo no existe en otros idiomas. Nos cuesta decir hubo porque eso nos obligaría a tener unas conclusiones definidas sobre lo que ocurrió y nos impiediría entrar a cada rato que se nos antojara por la puerta del pasado a cambiar aquello que nos apeteciese por mor de nuestro antojo o de lo que toque en cada momento.

En las últimas 48 horas he leído de todo y todo me ha llevado a recordar un texto de hace unos meses:


No se trata de reconocimiento, sino de memoria. El reconocimiento no tiene memoria. Es frugal, acomodaticio, circunstancial. Pero de lo que has hecho, escúchame bien, se guardará memoria. No en panteones, ni en estatuas, ni en aniversarios. Ahí, no. Se guardará en el cuerpo de algunos de los que te han escuchado, en su cuerpo pequeño y mortal, y lo transmitirán a sus hijos,  quizás no lo que tú esperabas ni cómo lo esperabas,  pero lo transmitirán porque saben que ha existido, aunque no se den cuenta. “Yo tenía un maestro “, eso es lo que dirán, y lo dirán incluso sin decirlo. Y será justo, porque lo tuvieron. La vida no se trata de acontecimientos, de efemérides, sino de la letra pequeña que queda escrita en las retículas de la piel de cada uno de nosotros. Eso son los libros que quedan, los libros inmortales.


Alejandro Gándara. Las puertas de la noche. Editorial Alfaguara. 2014 pg 125.


viernes, 21 de marzo de 2014

Los Modlin



Creo enormemente en que el éxito de nuestra tarea depende directamente, a largo plazo, de nuestra capacidad de búsqueda y nuestro esfuerzo.  Sin embargo, mucho de lo que nos ocurre tiene que ver con la fortuna, algo queda inevitablemente en manos del azar.

La expresión “serendipia” , a parte de una diabetogénica comedia romántica (Serendipity) de Peter Chelsom con John Cusack y Kate Beckinsale, es un anglicismo acuñado por Horace Walpole en 1754 a partir de un cuento tradicional persa llamado «Los tres príncipes de Serendip», en el que los protagonistas, unos príncipes de esta isla, Serendip —la actual Sri Lanka— solucionaban sus problemas a través de increíbles casualidades.

Por serendipia, Fleming descubrió la penicilina y John Cade descubrió en 1949 el Litio como fármaco (este último descubrimiento me ha ayudado mucho).

El mismo Fleming dijo una vez: “No esperes que la fortuna te sonría; prepárate con el conocimiento”,  y todo el mundo ha leído en alguna ocasión la frase de Picasso: “Me paso el día en mi taller, por si viene la inspiración, para que me encuentre trabajando”.

Madrid está lleno de Modlins, seguro. Pero desgraciadamente Pacos Gómez solo hay uno.

Estas frases sobre el esfuerzo y el trabajo y su relación directa con el éxito asegurado, que  rellenan páginas enteras de centenares de libros de autoayuda, también se pueden leer en el libro Pushing to the Front de Orison Swett Marden, fundador del Movimiento Americano para el Éxito. Este libro fue tremendamente popular en los EE.UU. y seguramente estuvo en algún momento en las manos de Elmer o de Margaret Moldin. Sin embargo,  si fue así, no debieron prestar mucha atención al leerlo, porque su vida fue un auténtico compendio de despropósitos.

Es cierto, en la vida es preferible tener una decena de despropósitos, pero finalizados, que un centenar de propósitos ni siquiera intentados. Lo que a  primera vista a cualquiera de nosotros nos hubiera parecido un despropósito, se convirtió para Paco Gómez en un reto imposible de abandonar. A lo largo de diez años, su impresionante historia de investigación fotográfica y biográfica (sobre unos personajes, por lo demás delirantes, que vivieron inmersos en un puro dislate) se convierte para este Ingeniero de Caminos devenido a fotógrafo profesional, en un trabajo que te atrapa feroz e inexorablemente.

En un relato inteligente, misterioso, brillante, ameno y muy bien escrito, Paco Gómez nos propone un universo de inquietantes serendipias.

Sólo los espíritus preparados saben reconocer estos golpes de fortuna y entonces, aprovechan con brillantez las oportunidades. Escuché la otra noche la presentación del libro Los Modlin a Paco Gómez, su autor,  y sólo puedo sentir envidia, no sólo por el resultado de su trabajo, sino por su forma de trabajar.

Libro imprescindible de 285 páginas , que he disfrutado en apenas 36 horas.


Podeis leer más sobre la historia aquí: http://numerocero.es/literatura/critica/los-modlin/2289