Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 31 de mayo de 2013

Balance.



El único as que a estas alturas guardo bajo mi manga es el pañuelo con el que acabo de limpiarme. A veces me sorprende una lágrima sobrevenida por el rosto, y no creas, no es tristeza, es que simplemente se descuelga de una cuenca que ya no es capaz de contener ni la más mínima gota. No te apures por mi, llega una edad en la que ya no es posible entristecerse por nada; las lágrimas contenidas inútilmente son arrojadas del lugar que ya no les corresponde. Llorar a cierta edad es más triste que la tristeza misma.

¿Y ahora dices que me ando olvidando las cosas hijo? Recordar el nombre de todos y de todo, el vuelo de una abeja y el nombre de cada flor que libaba, el cielo de todos los lugares en los que fui feliz y en los que sufrí. Recordar los ojos de todas las mujeres que se cruzaron con los míos y recordar porqué se cruzaron. Recordar en que momento exacto de mi vida me cansé de ser feliz, sencillamente me resulta agotador.

Llegados a este punto, para mi, la naturaleza discurre distante y ajena, ausente de mi repiración. La vida me mira de reojo, y me resulta enormemente difícil enfrentarme a ella, resulta como una foto de algún antepasado con la vista fija al frente y a la que es imposible rehuirle la mirada.

Sólo te digo algo hijo, te pasarás la mitad de la vida haciendo cosas alocadamente y olvidándolas (lo que seré, tendré, habrá) y la otra mitad gastando el tiempo en intentar repetirlas (lo que fui, tuve, hubo). intenta descubrir cual es el punto exacto del cambio verbal. El balance de la vida.





Blogscriptum: A lo mejor ya sabes que Blogscriptum está creciendo en la medida de sus posibilidades y que puedes localizarme en el formato express en Facebook: Blogscriptum express.
Es otra forma de blogscriptumguear por la red.

martes, 28 de mayo de 2013

Intimo, como la memoria...



Llegará una noche de verano, alejado de la ciudad y de sus luces, que me echaré tumbado sobre un campo verde, extraño y familiar al mismo tiempo, notando bajo mi espalda la presencia de los dioses que antes anduvieron con los pies descalzos sobre esa misma hierva húmeda  que habrá de acogerme. 

Sé que podré ver un cielo nocturno cuajado de estrellas brillar violentamente, con un fulgor exagerado. Ya he estado allí antes -no sé si lo he soñado-  y sé que existe un firmamento inalcanzable a mis ojos, moviéndose inquietos, buscando el principio y el fin de ese inmenso espectáculo.

Me alejaré de cielos de borrascas y de atardeceres de seda grises; en algún lugar de este vastísimo universo, cerca de un eco de mar próximo, batiéndose, meciéndose en un hipnótico canto, como un rugido sordo que anuncia el quebranto de un mundo que parece rasgarse desde dentro, alrededor y lejos del bullir del continente, sé que existirá un para siempre para mi.

No habrá negrura ni canción apagada, sólo lentitud, un océano de fondo y una luz que en el horizonte fusione la línea del más allá del agua, distante de todo, con un firmamento recto; una línea perfecta sobre un tapiz, rota solo por alguna luz de un barco danzando.

Sé que todo será como un cuento reinventado, donde los adultos se disfracen de niños con las ropas que sobraron y que quedaron trémulas, tendidas al viento. He olvidado cuándo comenzó a llover desde este cielo ceniciento, el color oscuro que aflige el alma, pero sé que habrá una tierra, piedra sobre piedra, un lugar próximo donde huela lo intangible, donde huela el ir y venir de las olas, donde huela el muro de empedrado que construyamos juntos, a espaldas de la nieve y el viento. Donde huela a libertad y tierra húmeda.




Blogscriptum: Me he releído un par de veces y confirmo que bien podría ser este el curso del río de mi vida desembocando en un mar interior apaciguado. Será que me he dejado llevar por un extraño Andante Festivo que me sobrecoge en un melancólico adagio...será.
Pienso que estoy en la edad exacta en la que sigo haciendo cosas y aún no he sentido la necesidad de añorar nada. Por eso lo dejo aquí, íntimo y personal, como la memoria de mi futuro.

viernes, 24 de mayo de 2013

El peso de la subjetividad

Foto de Tatsuo Suzuki.

Siempre me he preguntado porqué los ancianos andan inclinados, porqué les cuesta tanto enderezarse cuando se levantan de la silla, porqué el esfuerzo sobrehumano para incorporarse en la cama; por el dolor de sus huesos reumáticos, me dijeron.

Pero he llegado a la conclusión de que es el pesado yugo de la subjetividad sobre su cuello lo que les hace inclinarse. Me dijeron que a cierta edad alcanzas un juicio imparcial y ecuánime, una mirada serena, recta y aséptica de la vida, pero yo creo que no. Es la pesada carga de la subjetividad la que les hace agacharse. 

Yo creo que andan buscando en el suelo la respuesta que ya no obtienen del cielo. Van buscando sus huellas, sus pasos perdidos. ¿Qué es al fin y al cabo la experiencia, si no la contemplación a cierta distancia de la vida?. La experiencia es mirarlo todo por el cristal esmerilado de la subjetividad.

Saber de las cosas, saber de todo, no es por que lo hayan estudiado si no porque lo han oído decenas de veces y lo han hecho suyo, lo hacen propio. Y en ocasiones, aunque no lo entienden, lo aceptan como suyo. Habitan en las cosas que saben. Una especie de alquiler del saber. Un arrendamiento del conocimiento en usufructo.  A esas alturas de la vida el tiempo sólo corre a favor del propio tiempo y el pago es diario por ese alquiler y  no es otro que hacerse esclavo de lo que no entienden.

Yo creo que por eso van inclinados, pero es que yo pienso...bueno, en realidad no sé porqué los ancianos van inclinados. Pienso de forma muy enrevesada, como Melvin.


miércoles, 22 de mayo de 2013

Al final



Bajo el tibio calor de un sol empañado
en este perpetuo color de otoño
he venido a recibir al pasado
como se ofrece la playa,
cóncava y libre, al mar que le llega.

Dejando al descubierto mi quilla,
con los brazos abiertos y la piel trémula
igual que la arena entre ola y ola,
efervescente tinta de espuma
espero en vano ser, de nuevo, bendecido.

Recalo al final de este largo viaje
en un litoral lejano, sin prisa
con los párpados cansados
y un gesto indiferente, sin nada más
sin necesidad alguna, solo agotado.

Desde esta margen del océano
distante de cualquier continente
nimia de sucesos, sin lirios que la adornen
la otra orilla se adivina tierna, soleada
cuajada de promesas y más de algún quizás...

A este lado, lo tengo todo ya ganado
todos los árboles se inclinan vencidos,
desnudos, ausentes de sombras
lisos como los lomos de un libro
de una larga vida que me parece ya leída.

A mi padre, a su viaje continuo.
Mayo de 2013







El mar es pródigo en arrebatos tumultuosos, en calmas chicas, en tornados letales y en gigantes trombas marinas, pero también en presagios de bonanza, o en una invitación al nado y a la inmersión entre apacibles olas onduladas, rizadas y levantiscas, o en súbitos cambios de humor y temperamento, con el elevaciones amenazantes, o con abismales deslizamientos hacia precipicios marinos.
Al mar se asemeja la “melodía infinita” wagneriana […] Pero el mar es, sobre todo, provocación perpetua de sensualidad.
El Canto de las sirenas. Eugenio Trías.

Hoy hace doscientos años venía al mundo Richard Wagner.  Mi padre ha aparecido  en mis páginas muchas veces y con él, de la mano, Wagner. Aún le recuerdo muchas tardes de domingo dirigiendo como un loco cualquiera de sus óperas. Yo no entendía nada de sus arrebatos ni de sus lágrimas hasta que un día le acompañé al Tannhäuser  en el Real y entonces lloramos bien tranquilos juntos. 

martes, 21 de mayo de 2013

Hasta los cojones


Esta mañana he podido asistir al acto que -de forma fracasadamente solemne- pretendía celebrar la conclusión del periodo de formación especializada de los Farmacéuticos, Enfermeras y Médicos Internos Residentes de mi Hospital, otorgándoles su certificado como nuevos especialistas.

La importancia del acto exigía, a mi entender, la máxima de las solemnidades. Desgraciadamente, a fuerza de querer desdramatizarlo todo y darle a cada cosa que hacemos un carácter festivo y amigable, comenzamos por perder el protocolo y la etiqueta y terminamos haciendo de este tipo de actos, una suerte de reunión de amigos repasando las fotos del viaje fin de curso.

Siendo esto grave, que se mire por donde se mire lo es, es aún peor la tragedia que a partir de hoy se va a consumar y que nadie, en sus discursos, ha tenido el coraje de manifestar en alta voz.

Emprender un proyecto y reconocerlo malo después de acabado es , como poco, frustrante. Es un auténtico drama advertir que lo hecho era, además, lo mejor que podíamos hacer. Pero si antes de iniciar el proyecto ya sabes que será rotunda, indubitablemente imperfecto, y si al ir haciéndolo adivinas que está siendo, efectivamente, un fracaso, supone sin duda alguna  una tortura, una humillación cruel. Si se trata de un proyecto personal entra todo ello dentro del género de la tragedia. Pero si el proyecto es colectivo debería, por lo menos, ser constitutivo de delito.

Hoy en nuestro hospital, pero también en muchos otros, decenas de jóvenes extraordinariamente formados y que han dedicado aproximadamente la mitad de su vida en exclusividad a alcanzar la excelencia profesional, corren camino ya de las oficinas del paro, a engrosar una cifra vergonzante.

Esto lo sabíamos todos antes de que estos chicos y chicas comenzaran su Residencia. Esto es, por lo tanto, un fracaso sino un delito. A fuerza de repetir que este tipo de formación sanitaria es excelente nos lo hemos creído, y esto es sencillamente una falacia. Cualquier sistema de superespecialización que se precie, debería aspirar a la promoción de sus formados y como no, a aprovecharnos todos -como sociedad- de lo invertido en su formación. De otra forma el sistema dista mucho de la pomposa excelencia.

El otro día me acusaron, con razón, de ser en ocasiones obtuso en mi mensaje. Hoy quiero ser muy claro: estoy hasta los cojones.

-Estoy hasta los cojones del encefalograma plano de los gestores ministeriales, sanitarios y de educación, responsables de este desastre.
-Estoy hasta los cojones del pragmatismo político que hace suyo este supuesto éxito.
-Estoy hasta los cojones del espectáculo patético de nuestros dirigentes que ahora pretenden hacer ver que este sistema de formación puede existir en un sistema privado.
-Estoy hasta la cojones de esa concepción teórica de la política como profesión, despojada de cualquier adherencia ética e ideológica que apueste por la Investigación y el Desarrollo, el Arte y la Cultura,  la Salud y la Educación, y NO por ciudades de pocker y putas y debates moralistas de medio pelo.
-Estoy hasta los cojones de que todo se recorte menos la burocracia y sus paniaguados.
-Estoy hasta los cojones de ver hombres y mujeres -gestores, directores y jefes de departamento-  arrodillados ante la servidumbre del poder.

-Pero por encima de todo estoy hasta los cojones de que quieran abocarnos al castigo de dormir sin sueños y , lo que es peor, que nos nieguen la razón para tenerlos, por que no nos lo merecemos.

¿He sido claro hoy?, pues eso.