Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 30 de abril de 2013

El sonido de la lluvia.

Foto latula

El mañana de una ciudad calada hasta los huesos promete realidades diferentes. Cualquier viento que quiera barrer crepúsculos deberá esperar al día siguiente, porque una ciudad mojada pesa enormemente y jamás tiene prisa alguna. El despertar de una ciudad tras la lluvia, mejor de chaparrón que de cualquier otro modo, es siempre un renacer. Primero de luz limpia, húmeda, que deja un brillo claro en céspedes, fachadas, arbustos; después de luz especular de gotas sueltas sobre miles de hojas vagabundas que vienen a ocupar las calles que las personas han dado por perdidas. Hay suavidad en todo lo que sucede tras la lluvia súbita. Es el silencio de lo limpio. El goteo cómplice de canalones. El murmullo de desagües que lo tragan todo. En un día así, nada pesa. Solo pesa la ciudad que permanece inmóvil con los pies hundidos en su propio asfalto.


Una breve historia de casi todo



Hoy os pido un ejercicio de reflexión a partir de dos películas. La primera la encuentro en la red y eso me genera una gran inquietud. Esto lo he visto en otro momento –pienso- de otra forma, estoy seguro.




Corro al laboratorio y recupero un video de mis amigas (que hoy edito y publico para vosotros) a las que durante unos años cultivé, alimenté, cuidé y …¡exacto!. Encuentro sorprendentes similitudes. Quizás penséis que estoy loco, pero se me antoja una idea común para las dos películas.



En cada uno de nosotros se esconde la primera partícula del mundo recién creado. Se percibe el olor de los primeros minutos del Big Bang, de la creación. Se guarda la fuerza interior del origen de todo.  Explorando  lo más pequeño, se perciben los vestigios del primer segundo.

Somos en nuestra condición de infinitésima partícula un espejo del Universo y en todos se advierte la Ciudad, el Mundo, la Galaxia. Lo infinitamente pequeño invita a la reflexión; lo minúsculo, lo breve, interpela al Universo entero como una resonancia de sí mismo.

Cierro los ojos y entre estos dos videos encuentro profundas y misteriosas similitudes. En la vida, pequeña o grande,  se revela un carácter que permanentemente suscita la idea de transformación, de dispersión y vuelta a la reconciliación, de desmembramiento y perpetua reintegración. 

Hoy me asalta la idea del individuo como el principio de cualquier transformación y metamorfosis Universal. Sea el individuo celular o multicelular.

domingo, 28 de abril de 2013

El Sueño de Gálmez: Mesopotamia.





Una suposición melancólica estalló en el pecho de Gálmez, que vio desvanecerse entre la niebla que envolvía aquella sala, o acaso su vista, su amargo y facticio intento de hacer consciente aquel sueño firme y largo de parar el tiempo en el minuto antes de estallar su rutina, nuestra rutina monocorde.

Su gesto fue siempre noble, pero tan sólo se engendró de sueños para adentro.
Zayón contemplaba atónito la mitad de bocadillo que durante diecisiete años había salido, todos los días, por la puerta de la Fábrica a medio comer.

-Gálmez -casi sollozó Zayón- ¿esto qué es, criatura?, ¿Cómo ha llegado esto a tu bocadillo, Gálmez?

En el momento en que notó con firmeza el abrazo violento de los grilletes se hizo cargo del enorme cansancio que hasta entonces –y desde hacía muchos años- había padecido. Y no era por el sueño que nunca llegó a conciliar sino por el sonambulismo voraz que le había consumido.

Alcanzó a entender que realmente nunca llegó a soñar porque, de hecho, nunca había llegado a dormirse. Sintió los ojos ardiendo, enormemente calientes y secos, ausentes de lágrimas, cobijados dentro de unos párpados que llevaban un buen rato cerrados, acaso desde el mismo momento en el que Zayón decidió hundir sus manos entre los pechos de Matilde. Quizás fue ese preciso instante el que ya hizo inevitable que el agente abriese el papel de periódico con noticias que no le importaban a nadie. Quizás fue el sueño tangible del olor del cuello de Matilde por lo que Zayón desenvolvió aquel papel grasiento a las cinco y cincuenta y nueve minutos, la hora que marcaba el reloj de entrada a la Fábrica, y que aquella mañana, sin motivo, se había parado.

Y es que no hay nada más inútil que un reloj, cualquiera, parado.

A pesar del intento de explicar al juez la bondad de su invento, que habría de parar el tiempo y con el al mundo, en un eterno duermevela placentero; a pesar de apelar al sueño como la más noble de las liberaciones de la monotonía, el magistrado no vio en Gálmez sino  la aspereza sórdida de la vida en solitario, la excentricidad de un lunático, el espejo de un espíritu desquiciado y ladrón, ordenando su ingreso en prisión por un delito continuado de trivialidad cotidiana y de sueño inacabado.




Blogscriptum:
Terminado de escribir el 25 de abril de 2013. Novela basada en hechos reales. 

Si Blogscriptum pudiera poner una banda sonora a esta novela corta elegiría la Sinfonía Mesopotamia de Fazil Say, pues veo en la concatenación de las notas un lapislázuli de emociones y el murmullo, leve, breve y suave de las aguas de los dos ríos; algo así como veo la ensoñación fértil de Gálmez, abrazado por el intersticiado delirio de la certidumbre y la monotonía diaria, lo que queda a ambos lados, por fuera del Tigris y el Eufrates: el desierto.



sábado, 27 de abril de 2013

El Sueño de Gálmez: sin precisar un Dios.



Como todas las mañanas Gálmez se sentó en la silla de su puesto de trabajo para controlar las monedas de veinticinco pesetas que se acuñaban en una vieja troqueladora de un monocorde sonido (plishhh, pam; plishhh, pam; plishhh, pam) con una pierna cruzada sobre su nalga. Cada día buscaba una postura distinta, en un intento de sentir, de alguna forma cambiante la monotonía, para que no doliese.

A la hora del almuerzo Gálmez sacó su bocadillo envuelto en periódico como todos los días, desde hacía diecisiete años. Aún resonaba en su cabeza el sonido machacón y repetido de la troqueladora que ya se había detenido y a la cual había tomado, sin su consentimiento, las dos últimas plateadas monedas de veinticinco pesetas recién acuñadas.

-Le he pedido tan poco a la vida se decía en alto, murmurando, una parte del cielo, una dehesa eternamente verde, un sol no fragmentado, un poco de pan, un beso. No deseo exigir nada a nadie.

Mordió un trozo de queso que sacó del pan y lo cambió por una de las monedas.

Una sombra en verano, un calle caliente en un invierno crudo, mi cuarto tranquilo de paredes desconchadas, un café, de cualquier forma, incluso recalentado. Soñar, mirar cantar, interpelar a la vida desde la variación y la polifonía.

Mordió otro trozo de queso y un poco de pan, y substituyó su hueco por otra de las monedas.

Sólo le he pedido a la vida una oración, un canto , bien valía que fuese triste, mejor que fuera alegre. No precisaba un Dios, sólo una prosa corta, una poesía eterna.

Terminó envolviendo el resto que quedaba de bocadillo en el papel de periódico grasiento y lo introdujo, como todos los días, con el mismo contenido cambiado, desde hacía diecisiete años, en el bolsillo derecho de su abrigo de paño viejo.

Notar los latidos de mi corazón sobre la oreja hundida en el valle de mi almohada, y dormir, dormir infinitamente, así, de esta manera, con el tiempo parado, con los relojes detenidos, viviendo en un universo indeciso, no previsto, como  cualquier bandera sometida al albur de un viento alto, enérgico, caliente.

Terminó la tarde y Gálmez se dirigió a la salida con el bocadillo apretado en la mano, visiblemente nervioso. Al fin y al cabo, estaba a punto de concluir su sueño. Ya había terminado de recaudar el dinero necesario para poner en marcha la construcción de su máquina que pararía el tiempo.

-¡Gálmez!, le gritó el agente Zayón a la salida, una vez ya había traspasado el umbral de la puerta de la Real Fábrica: ¿Chico, no te sobrará el bocadillo de todos los días?, el mío me lo he dejado en casa, ¡qué quieres!, estoy muerto de hambre. Anda. Regálamelo Gálmez.



Blogscriptum:
Existe en la creación de una variación improvisada la lucha dramática contra la repetición persistente, inútil y monótona de unos días siempre iguales, y entonces , milagrosamente, aparece un tiempo de verano hermosamente distinto.
Música de Gershwin, Summertime, variada por Fazil Say.

viernes, 26 de abril de 2013

Vestirse por los pies.

Fuente: El Mundo. En el día de hoy


El próximo día dos de mayo salgo para San Diego, California. Un nuevo e ilusionante reto. Me gusta Estados Unidos y disfruto cuando voy allí. No me duele en prendas decir públicamente que soy Americanófilo. Esto es una declaración políticamente incorrecta y contracorriente.

Estados Unidos es capaz de lo mejor, y claro, también de lo peor. Cuando veo las fotos (muy frecuentes) de los Presidentes Republicanos y Demócratas juntos, en un acto institucional, emanando una imagen de País sólido y bien asentado, vestido por los pies y seguro de lo que quiere para sí y para sus ciudadanos (Ver y leer el discurso de Obama 2013 observo también, que todo un Presidente Americano, en el día de la inauguración de la biblioteca que lleva su nombre, es capaz de ponerse unos calcetines rosas, y no morir acto seguido de un violento ataque de rubor facial. Estados Unidos, capaz de lo mejor y lo peor.