Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 30 de diciembre de 2013

¿Por qué?



Queridos hijos:


Ojala me leáis dentro de unos años (y no os avergüence); os lo dejo por escrito para que os lo metáis en el bolsillo además de en la sesera. Cuando no os lo pueda recordar yo, leed.


Estirad la cabeza al andar; deambular con la mirada perdida terminará por dirigir vuestros pasos a la falta de curiosidad y de ahí a la falta de interés y por lo tanto de compromiso.


Evitar la desidia es el desafío de la vida (uno de ellos). Huid del aburrimiento, huid de la aplanadora similitud de los tiempos, las tareas y los lugares. No todo es igual, porque no todo da igual. Si hacéis de cada cosa una repetición de la anterior, si no os preguntáis el porqué, entonces perderéis la línea, el objetivo y la meta. Os marcarán los tiempos, las tareas y los lugares. Querrán de vosotros que no sintáis demasiado, que no penséis en exceso, que no os preocupéis de lo que os rodea y que no os toméis las cosas en serio. Algo así arrasa no sólo los tiempos, también las tareas y los lugares. Os aniquila a vosotros. Lo aniquila todo. 

Yo no estoy radicalmente seguro de nada y sobre muchas cosas sé menos que lo mínimo. Puedo vivir con dudas e incertidumbres varias, e incluso sin saber, pero no sin preguntarme a cada rato, por qué.

A menudo -a cada rato, mejor dicho- me demandan decenas de respuestas. Es lo que tiene que en tu currículum se certifique el saber pronosticar (parece que va en el sueldo tener ciertas dosis adivinatorias) pero la verdad es que yo solo tengo respuestas aproximadas, posibles creencias y diferentes grados de certeza sobre la mayoría de las cosas de las que hablo. No tengo que tener una respuesta para todo. No me da miedo no saber, pero me espanta no ser capaz de preguntarme a cada rato, por qué.

No hago cuenta alguna, en realidad no gasto un solo minuto, en recordar lo que he olvidado, pues si no lo tengo en mente, clara señal es de que me importaba poco . No pongo velas a ningún santo para que se haga la luz en mi memoria por cada vez que me quedo en blanco (que son cada vez más frecuentes) pero sí me da miedo cometer el pecado de caer en la indolencia, en no preguntar a cualquiera que pase a mi lado, por qué.

He probado a estas alturas de la vida (en el punto de arriba de la campana estadística) un buen número de platos, he bebido, he amado, he viajado, he leído y he escuchado, y cuando hago memoria sobre ello pienso que cada una de estas cosas las he hecho en un número sobradamente insuficiente. No me importa. No me angustia. Pero espero no sorprenderme a mi mismo, jamás, dejando de preguntarme, por qué.

No dejéis nunca pasar la ocasión de preguntar por qué. Prestad atención para no ser arrollados y encaminados hacia "lo igual" . Sed diferentes y sólo así el tiempo os hará ser únicos.

Os quiere:

Papá.

Nota Blogscriptum:

Papá no sabe contestar a todos los porqués, por eso dice a veces, porque sí.
Y ahora Felid Navidad de vaya Vd. a saber qué año.
Esto me gusta, espero que también a vosotros.


viernes, 20 de diciembre de 2013

No basta con el deseo.

Foto de Juan Manuel Castro Prieto


  1. Se trata de reconocer el camino y comenzar a andar.
  2. Se trata de dejar de hablar de actuaciones y pasar a la acción.
  3. Se trata de tomar la palabra e intervenir.
  4. Se trata de pronunciar un NO incontestable a la vacilación.
  5. Se trata de no estar agazapado en la duda del otro.
  6. Se trata de tener lo más vacía posible la despensa de los propósitos, aun a expensas de tener en el haber diez o más despropósitos.
  7. Se trata de no dejar de estremecerse y desear.
  8. Se trata de caminar SIN dejar de hablar.
  9. Se trata de concebir.
  10. Se trata, caramba, de EMPEZAR YA.
Y ahora os dejo solo unos minutos musicales para que cojáis aire antes de ponerse a la tarea.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Carta a Elías

Sin título. 2012
Óleo sobre lienzo. 100 x 70 cm.
Querido Elías:

Me dicen que te has ido a la tierra donde comenzó nuestra cultura. Que te has marchado a seguir formándote a Salónica y fíjate que no me extraña, porque ayer cuando te conocí cruzaste la sala de exposiciones de dos grandes zancadas, con el brazo extendido, para darme la mano, y entonces me pareciste, con tu pelo enmarañado, tu pendiente en el lado izquierdo, tu sonrisa en la cara y esa insultante juventud como un atleta griego, seguro y poderoso de alzarse con el triunfo en estos juegos olímpicos de nuevos y difíciles agones que nos propone la vida.


Chocaste entonces tu mano con la mía, como dices que das las pinceladas, con seguridad , con firmeza, creando masas de colores que se chocan como en un accidente. A mi me parece que no son fortuitas, sino fenómenos naturales, como los huracanes o como los ciclones, pero de colores; pinceladas llenas de matices. Los matices son importantes, Elías, porque ni todo da igual, ni todo es lo mismo. Los matices son los adjetivos de nuestras decisiones. Cambias el adjetivo y cambias la frase. Cambias un matiz y cambia la consideración global de tu decisión, de tu proposición, de tu proyecto. Y cada pincelada tuya está llena de matices que nos hacen ver tus decisiones, tus proposiciones y que dejan vislumbrar el proyecto que se yergue frente a ti, sólido, bello, proporcionado.


Elías, tienes el nombre del más grande entre los profetas. Yo creo que eso es así porque eres el heraldo de la belleza, porque vienes a traernos el anuncio de que podemos depositar tranquilamente nuestras esperanzas en ti y en la gran cantidad de gente, enormemente joven, que ayer te acompañaban en el día (por ser el primero) más importante de tu prometedora carrera como artista. Se adivina la sensibilidad, la formación, la inteligencia y la cultura en la luz y naturalidad con la que nos expresas la realidad que nos rodea.

Y como al profeta en la pascua hebrea, Elías, te dejo abierta mi puerta y deposito una copa de vino sobre la mesa para que la bebas con nosotros y nos alumbres en el futuro.

A los padres de este joven mi más sincera enhorabuena y a los que no le conocéis y me leéis, sabed que Elías es el profeta de la belleza en el arte y que conociendo su edad da vértigo pensar en el futuro (brillante) de este artista.

Nota Blogscriptum:
La obra de Elías Peña se puede ver en Espacio BOP, calle Juan de la Hoz 22, Madrid, hasta el 8 de enero.



miércoles, 18 de diciembre de 2013

Hoy he vivido

Portada del libro de Blogscriptum
Lo que queda del día

Vivo entre dos mundos buscando constantemente argumentos, palabra ésta que curiosamente comparten la ciencia y la literatura.

Decidí comenzar a escribir sin ningún objetivo aparente, en aquel periodo de tiempo en el que quise ofrecerle mi propio yo a la libertad, sin advertir que al hacerlo me hacía reo de mis palabras. Todo ha sido un lento proceso, aún inacabado, de construcción de mí mismo; la constitución de mi ser a través de la palabra, aunque no acabe de encontrar la que finalmente me define. Pero nadie la dirá por mí. La palabra íntima, el diálogo con uno mismo. Mi argumento.

Escribo pendiente de que algo me pase, de que pase algo. Y lo que pasa es el tiempo. Y al cabo del tiempo asumo que lo escrito puede no ser determinante y mucho menos constituir una aportación imprescindible para nadie. Pero resulta ser mi argumento. He invertido tiempo, el mío, en este proyecto que hoy os presento.  Como el amor, escribir es pasión y dolor; remedio y veneno; toxina y antídoto. Este libro está hecho con cada una de estas partes. Lo demás, es tiempo.

Y el tiempo…
Así se dirige Séneca en su carta a Lucilio: Todo es ajeno a nosotros, tan solo el tiempo es nuestro…el único crédito que ni siquiera el más agradecido puede restituirlo.

Ningún día más atravesará mi vida de modo indiferente.

Disfrutad ahora del Acto 3 de The Fairy Queen de Henry Purcell, probablemente la mejor música para un bellísimo poema.


If Love's a Sweet Passion, why does it torment?
If a Bitter, oh tell me whence comes my content?


viernes, 13 de diciembre de 2013

De ida y vuelta.




A todo se aprende en la vida, todo se consigue saber hacer, menos decir adiós. Entre las manos vuelvo a sostener la fotografía, amarilla por el tiempo y la memoria. La misma que repaso, cada día, en busca del adiós que nunca supe dar. Asomada al balcón, con los brazos apoyados en la barandilla de hierro negro, no dejo de mirar el banco que acoge hoy al mismo vagabundo de cada día. Bajo su sombra descansa, con los ojos cerrados, el perro que lo acompaña en su sopor. De vez en cuando abre un ojo y así custodia el silencio de la plaza que a esta hora de la tarde es pesado como los adoquines que la tapizan. Los cuatro árboles que veo desde aquí arriba a duras penas soportan ya las últimas hojas del otoño. He decidido salir a verlas caer como si fueran los versos finales, desprendidos, de las estrofas de despedida del otoño que me hacen presentir un invierno próximo.

Me he depilado, he puesto una lavadora y he preparado la comida que mañana me llevaré al trabajo. Con la ventana de la habitación abierta escucho los acordes de un chelo amigo salido de un viejo tocadiscos, abandonada ya al ocaso que quiere inundar de melancolía la ciudad entera, por encima de los tejados de Madrid.

Mi ventana está abierta al mundo, dejando escapar olores y risas, luces y caricias, las pocas que aún quedan dentro de la casa y que quieren salir volando, empujadas por un rumor de viento, que por no ser, no es ni seco ni húmedo. Un viento que en Madrid no conoce nombre. Exhalo el humo de un cigarrillo, el quinto de esta tarde, en medio de este atardecer de un día más, de otra estación del año, en la ciudad que ofrece una nostalgia conocida.

Ahora recuerdo que es la misma música que sonaba muchas otras tardes a través de la ventana. Era cualquier tarde de una estación cualquiera, mientras él me fotografiaba asomada al balcón, con los brazos apoyados a la barandilla de hierro negro, fumando, como siempre, el quinto cigarrillo de la tarde. Era también, cualquier tarde de cualquier estación  en la que ya me había depilado y había preparado la comida que llevaría al día siguiente al trabajo.

Ahora son las cinco  de la tarde de este último día de otoño y un viento suave, que por no ser, no es ni frío ni caliente, porque en Madrid el viento no conoce nombre, bate el suelo adoquinado de la plaza, y corre por los bordillos, llevándose por la Cuesta de la Vega hacia el río, silencios y soledades.
Pese a todo, la erosión del tiempo y del olvido no ha conseguido destruir el significado de aquella foto, que a días, y según como la mire, muestra la pasión y el misterio de unos dedos que no sé si querían venir a encontrarse o que poco a poco iban ya apagándose. Unos dedos que ahora no recuerdo si luchaban con el ansia de vivir entrelazados o lloraban en el anhelo del goce ya perdido.

Mientras el sol se bate en retirada por detrás de los tejados de Madrid;  mientras las fachadas de las casas siguen exudando el amargo débito de la memoria ; mientras escucho el sonido de un chelo llorando, que es lo más parecido a un hombre o una mujer llorando; mientras el paisaje de la ciudad se convierte en la escena final de una plácida película, con un rumor de viento, que por no ser, no es suave ni violento, porque en Madrid el viento no conoce nombre; mientras ocurre todo esto, espero asomada al balcón el final del espectáculo, el cielo de Madrid atardeciendo, que se hace irreal ante mis ojos. Enciendo el sexto cigarrillo y sigo sin encontrar el significado de esta foto que amarillea entre mis dedos. No puedo recordar si estábamos a punto de encontrarnos o si es que estábamos por decirnos adiós. Aunque sigo convencida de que esto me ocurre porque cualquiera aprende a hacer de todo, incluso a llorar, a todo menos a decir adiós.

Nota Blogscriptum: 

Como en otras ocasiones necesito de vuestra participación para dar el auténtico significado a una fotografía. Quizás nunca sepa dárselo. Quizás tú sí lo encuentres. ¿Me ayudas?

Gracias de antemano al club de los cien Pendejos